Karachi se convirtió en un campo de batalla. La capital financiera, comercial e industrial de Pakistán fue el escenario donde los seguidores del Gobierno y las fuerzas de la oposición sellaron con sangre la división actual en el seno de un país que lleva dos meses inmerso en la crisis más grave desde el golpe de Estado del actual presidente, Pervez Musharraf, en 1999. La sangre de al menos 27 personas y cientos de heridos que se produjeron en unos choques que, sin embargo, no hicieron cambiar de idea al máximo dirigente, que se negó a declarar el estado de emergencia.
Nadie esperaba que la decisión tomada el pasado 9 de marzo por el general Pervez Musharraf fuera a ser noticia más allá de los primeros días. El juez Iftikhar Chaudhry fue destituido de su cargo al frente del Tribunal Supremo por «gestión inadecuada», y sesenta días después las consecuencias legales, institucionales y políticas de aquella decisión siembran la inestabilidad en el país. Esta destitución fue la chispa que ha encendido y unido a un movimiento de oposición que critica duramente la gestión y formas del actual presidente y pide una nueva Constitución.
La jornada de ayer supuso además un duelo entre ambos líderes, Musharraf y Chaudhry. En un intento por contrarrestar la visita del juez a Karachi, el actual dirigente hizo un llamamiento a sus seguidores para juntarse en la plaza central de Islamabad, mostrar su apoyo al Gobierno y dejar claro a la oposición que «no es necesario el estado de emergencia porque la mayoría de paquistaníes están con su presidente».
Violencia en directo
Los choques se pudieron seguir en directo. Al menos dos canales nacionales no cortaron sus emisiones y ofrecieron imágenes muy crudas durante toda la mañana. Gente armada con Kalasnikovs, fuego cruzado, coches ardiendo, un conductor de autobús herido y agonizante en un charco de sangre... El caos se apoderó de Karachi y, según denunciaron las fuerzas de la oposición, esta violencia podía haberse evitado, ya que ellos habían anunciado su manifestación hace tiempo.
Esta ciudad es un feudo tradicional de los aliados de Musharraf, y la llegada de Iftikhar Chaudhry no podía quedar sin respuesta. En cuanto los jueces mostraron su intención de viajar a este lugar y explicaron el recorrido de su marcha, las fuerzas políticas leales al presidente, bajo el confuso lema de «En defensa de la independencia del Poder Judicial», calcaron horarios y recorridos para mostrar a los jueces que Karachi no es Lahore, donde una semana antes el movimiento opositor marchó sin ningún tipo de problemas.
El principal partido de la región, el Muttahida Qaumi Movement (MQM), fue señalado como el responsable de los altercados por parte de los jueces. El MQM, fiel a Musharraf, es una organización de gran calado social entre los más jóvenes de la provincia de Sindh. Sus seguidores y paramilitares se echaron a la calle desde la víspera, cortaron la carretera principal que va al aeropuerto, que fue el lugar donde se produjeron los enfrentamientos más violentos, y decoraron la ciudad con sus banderas para dejar bien claro a Chaudhry hasta dónde llegaba. El juez y sus seguidores llegaron a las siete de la mañana al aeropuerto de la ciudad y tuvieron que permanecer ocho horas recluidos en la sala VIP del mismo debido al descontrol en las calles. Finalmente, volaron de regreso a Islamabad.
Los responsables municipales respondieron a las acusaciones de las fuerzas de la oposición asegurando que habían tomado todas las medidas oportunas y que ya avisaron la víspera de las consecuencias de la visita. Declararon el sábado jornada festiva para que la gente no tuviera que ir al trabajo y la Policía desplegó quince mil efectivos en las calles. Se dividió Karachi en tres zonas y se acordonaron las áreas de mayor riesgo. Pero nada pudo detener la ira de unos manifestantes que convirtieron el lugar en una ciudad sin ley durante toda la mañana.
No hay datos claros sobre la identidad de las víctimas. Mientras que el responsable de Interior de la provincia, Waseem Akhtar, aseguró que la mayoría son miembros del MQM, el portavoz del opositor Pakistani Peoples Party (PPP), dijo lo contrario. Tras los sucesos, el principal partido de la oposición, Alianza por la Restauración de la Democracia, pidió que la jornada de hoy fuera declarada de luto nacional.
Elecciones en diez meses
Estos altercados se producen cuando faltan apenas diez meses para laslecciones generales. El general Musharraf quiere seguir al frente del Ejecutivo, pero se enfrenta a una oposición que le exige dejar de combinar su doble cargo político y militar. «Estamos en un momento histórico para el país, es el momento para demostrar que estamos gobernados por leyes, no por hombres», reclamaba en su editorial el diario de mayor tirada en inglés de Pakistán, «The Internacional».